El mango puede alternar años de alta y baja producción, una característica propia de los frutales leñosos que en Misiones puede verse agravada por la antracnosis. Fertilización, poda, cuidado del suelo y aplicaciones preventivas durante la floración son algunas de las recomendaciones del INTA para llegar a fin de año con fruta.
En Misiones, tener un mango en el patio o en una quinta no necesariamente garantiza una buena cosecha todos los años. Un ciclo puede estar cargado de flores y frutas y, al siguiente, ofrecer una producción mucho menor. Se trata de la llamada alternancia, una característica fisiológica de los árboles frutales leñosos que, en el caso del mango, puede verse agravada por las condiciones ambientales y la presencia de enfermedades.
“Todos los árboles frutales leñosos, es decir, que tienen tronco, crecimiento leñoso, un año te dan mucha fruta y otro año te dan menos fruta. Eso se llama alternancia”, explica el ingeniero agrónomo Luis Acuña, investigador de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) de INTA Montecarlo.
El fenómeno está relacionado con las reservas que la planta acumula durante el ciclo. A través de la fotosíntesis, el árbol almacena nutrientes en las hojas, los tallos y principalmente en el tronco y las raíces. Esas reservas inciden en la floración del año siguiente. Cuando una planta produce mucha fruta, consume buena parte de sus reservas y puede tener una menor floración en el ciclo posterior.
En el mango, además, existe un factor que puede hacer todavía más pronunciada esa alternancia: la antracnosis, una enfermedad causada por el hongo Colletotrichum gloeosporioides. El patógeno puede provocar la caída de flores y frutos pequeños como así también afectar la calidad externa de los mangos que logran desarrollarse.
El momento crítico se presenta durante la floración, que en Misiones ocurre principalmente entre septiembre y octubre. “Durante la temporada de lluvia, cuando hay floración, si hay lluvia en septiembre, octubre, si hay, cae la flor y puede quedar muy poca fruta”, advierte Acuña. Por eso, el manejo preventivo resulta fundamental.
Un mango adaptado a Misiones
El mango forma parte del paisaje productivo y doméstico de la provincia desde hace décadas. Una de las variedades tradicionales es el denominado mango criollo, conocido también en algunos lugares como “hilacha” o “espada”. Se caracteriza por tener abundante fibra, pero también mucho sabor, tamaño y capacidad productiva. Sin manejo, puede convertirse en un árbol de gran porte.
