El 20 de septiembre de 1926, al caer la tarde, un violento ciclón atravesó Encarnación desde el río Paraná y convirtió en escombros buena parte de la ciudad. Cerca de 400 personas murieron y cientos resultaron heridas. Del otro lado del río, Posadas se preparó para recibir a los sobrevivientes.
Nadie en Encarnación imaginaba que aquella tarde del lunes 20 de septiembre de 1926 terminaría entrando para siempre en la historia de la ciudad.
Pasadas las 18, el cielo comenzó a oscurecerse de manera repentina. La lluvia se volvió intensa y el viento adquirió una violencia extraordinaria. Desde el río Paraná avanzaba el fenómeno que poco después arrasaría la zona costera de Encarnación.
El primer golpe fue contra el puerto. El imponente muelle, construido apenas unos años antes, sufrió el embate de la tormenta. Las aguas del Paraná se alteraron de tal manera que se produjo una bajante momentánea en la costa mientras la masa de agua era absorbida por el remolino. Las embarcaciones que permanecían amarradas, unas quince o veinte según las crónicas, fueron tumbadas o hundidas.
Después del puerto, la violencia del ciclón continuó tierra adentro
La Villa Baja -la actual zona baja de Encarnación- quedó prácticamente arrasada. Las construcciones desaparecieron bajo una combinación de viento, agua y escombros. El fenómeno avanzó luego hacia la Villa Alta, dejando una ciudad irreconocible y una cantidad de víctimas que las crónicas de la época situaron en torno a las 400.
El desastre fue tan grande que, durante las primeras horas, ni siquiera había suficientes ataúdes para sepultar a los muertos. En la mañana siguiente, cerca de un centenar de cadáveres ya habían sido trasladados al cementerio. Desde Posadas fueron enviados los féretros disponibles y, mientras tanto, carpinteros comenzaron a fabricar otros.
Pero en medio de aquella devastación también aparecieron historias de coraje
Uno de los nombres que quedó asociado para siempre a la tragedia fue el de Juan Pedotti, jefe de la usina eléctrica de Encarnación. Con las calles cubiertas de cables desprendidos, comprendió el peligro que representaba mantener energizado el tendido. Murió mientras intentaba cortar las llaves que conectaban el sistema eléctrico, una decisión desesperada para evitar que los cables sueltos provocaran nuevas muertes.
También quedaron en la memoria el sacerdote José Kreuser y el comerciante Jorge Memmel, quienes tras el desastre, junto con el canoero Daniel Rodríguez Génes, conocido como “Ministro”, cruzaron de noche el río Paraná en una pequeña embarcación para pedir auxilio a la ciudad de Posadas. La travesía se realizó en medio de la oscuridad, la lluvia y las aguas embravecidas del río.
Al llegar a Posadas, se dirigieron rápidamente en busca de las autoridades. En ese momento, en la Casa de Gobierno se estaba desarrollando una celebración estudiantil relacionada con la llegada de la primavera. Allí comunicaron la magnitud de la tragedia ocurrida en Encarnación.
El río, que pocas horas antes había sido apenas una frontera natural entre dos ciudades, se convirtió entonces en el camino de la emergencia.
Del lado argentino, la noticia movilizó rápidamente a la población. Mientras en Encarnación se buscaba entre los escombros a sobrevivientes y se retiran cadáveres, Posadas comenzaba a organizar una asistencia que excedería ampliamente la ayuda de emergencia.
Ante la noticia, el gobernador de Misiones, doctor Héctor Barreyro, dispuso de inmediato un operativo de asistencia para la ciudad hermana. Desde Posadas partieron médicos, enfermeros, medicamentos, alimentos, ropa y embarcaciones para colaborar con las víctimas del ciclón. La respuesta de Posadas quedó como uno de los grandes ejemplos de solidaridad entre ambas ciudades, un vínculo que continúa formando parte de la memoria histórica de Posadas y Encarnación.
Hospitales, sociedades de beneficencia, escuelas, asociaciones, comerciantes y vecinos se prepararon para recibir a los heridos y reunir alimentos, medicamentos, ropa y todo aquello que pudiera aliviar la situación de los damnificados.
La tragedia había golpeado a Encarnación, pero sus consecuencias cruzaron inmediatamente el Paraná
La ciudad paraguaya tardaría años en recomponerse. Muchas familias que lo habían perdido todo abandonaron sus hogares y algunas cruzaron hacia Posadas. Durante meses, los restos de edificios y estructuras destruidas permanecieron como testigos de aquella tarde.
El ciclón no solo cambió el paisaje de Encarnación. También dejó una marca profunda en la relación entre las dos ciudades.
Un siglo después, aquella tormenta sigue siendo recordada no solamente por su capacidad destructiva, sino por lo que ocurrió inmediatamente después: cuando una ciudad quedó de pie para ayudar a la otra. En el próximo Data Urbana continuaremos con más información.
Colaboración: Leo Duarte
