Campaña política: ¿vale todo?

Muchas veces se ha escuchado al afirmación de que en política, como en la guerra y en el amor, todo vale. Sin embargo, es una aseveración poco feliz, y que desdibuja una realidad, quien verdaderamente ama busca siempre lo mejor para la persona amada, y eso a veces puede significar no permanecer junto a ella, del mismo modo quien verdaderamente tiene vocación política y desea lo mejor para su pueblo no apostaría jamás al “vale todo”.

Con la evolución de la tecnología la definición de Comunicación como un proceso dinámico de creación de sentido, ha cobrado un significado mucho mayor. En ese contexto, la Comunicación Política y, más aún la Campaña Electoral, también han evolucionado y mutado.

Pero hacerlo simple podríamos definir tres tipos de campaña política (que no son necesariamente excluyentes, sino que, por el contrario pueden ser partes de una misma estrategia electoral), la Campaña Positiva, la Campaña Negativa y la Campaña Sucia.

La Campaña Positiva es la que se concentra en las cualidades del candidato y siempre es propia. Es decir, se busca posicionar al candidato o a la candidata a través de mensajes clave que pongan en valor atributos, logros, gestión, que generen empatía con el electorado.

La Campaña Negativa es, justamente, todo lo opuesto a lo anterior y siempre es realizada por terceros o basada en terceros (contrincante electoral). Esto es cuando se investiga y basa su estrategia en destacar los errores del rival. La Campaña Negativa utiliza información cierta y se la expone, buscando generar la mayor repercusión posible. Cabe recalcar que también es un “arma de doble filo”, dado que si bien al principio suele generar alto impacto, suele también agotar muy rápido al electorado.

Hasta aquí vemos dos grandes estrategias que muchas veces se las encuentra de manera combinadas, aunque no siempre bien utilizadas.

Sin embargo hay una tercera en cuestión, la Campaña Sucia… como su propio nombre lo indica es una estrategia que se basa en “ensuciar” al contrincante electoral, y acá si es donde entra la definición de “todo vale”, a diferencia de la Campaña Negativa, en la Campaña Sucia se busca dañar la imagen del otro candidato/a con cualquier recurso: mentiras, noticias falsas, personas pagas para que realicen acusaciones que no son ciertas, entre muchas otras.

Los costos de las Campañas Sucias son muy altos, porque tarde o temprano se vuelven en contra de quienes las ejecutan. ¿Quién alguna vez no escuchó la frase “la mentira tiene partas cortas”? Esto es que, por más bien ejecutada que esté la Campaña Sucia, tarde o temprano la verdad salta a la luz, y aunque se haya cumplido el objetivo de quien la elaboró, en algún punto le termina estallando en la mano.

Más aún en distritos electorales pequeños, donde los electores conocen bien a las distintas personas que conforman la oferta electoral, por lo que no tardan mucho en advertir las campañas sucias y castigar a quienes las utilizaron o de quienes sospechan fueron los instigadores.

Ahora, más allá de esto, y aunque se pueda lograr el efecto o resultado deseado, la Campaña Sucia implica fundamentalmente, por parte de quienes la usan como herramienta, absoluta falta de ética y de códigos, dejan entrever a personas con ambición desmedida que llegan al punto de no importarles si en el camino afectan la dignidad de otras personas, si deshacen familias, etc..

“De las campañas sucias, lo que queda así es una actitud de ciertos líderes sobre los bienes públicos, esos que representan un fin en sí mismo para ellos”, define la especialista Lic. Amyeris Piñero.

Información falsa o “fake news”, uso de memes que van desde mentiras sobre fraudes en la administración pública, hasta falacias sobre cuestiones de la vida íntima, pasando incluso por denuncias truchas, todo eso no hace otra cosa que poner en evidencia la bajeza y falta de escrúpulos de quienes las elaboran y peor aún, de los políticos que las llevan adelante y avalan.

Una persona que verdaderamente tenga un interés político real nunca utilizaría como herramienta la Campaña Sucia, aunque eso le pueda costar no ganar una elección, porque siempre priorizará el bien común por sobre sus propias aspiraciones.

En el amor como en la guerra siempre hay límites y códigos, de tal forma que la sociedad y el peso en la historia se han encargado de condenar a quienes no los respetaron. Del mismo modo sucede en la política y en las campañas electorales.

En los últimos días, y ya en la recta final hacia las elecciones provinciales del próximo 2 de junio, en varias localidades de Misiones se han encontrado ejemplos de dirigentes políticos que apelaron al recurso de la Campaña Sucia, tal vez en la desesperación de no poder encontrar en ellos mismos algún atributo o gestión que los posicione como para implementar una estrategia de Campaña Positiva, o porque no descubren la manera de acortar la distancia que les lleva la persona a la que atacan, o porque es el fiel reflejo de su propia personalidad, o la combinación de todas las anteriores.

La Campaña Sucia como estrategia no habla mal de otros, sino de quienes la utilizan. Quien quiere llegar al poder a cualquier precio, poco le interesa el bien común.

En fin…

Norman Federico Ullrich

Reporte Misiones

Director Dialogar Comunicación

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